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A que le temes kiko

  • 5 feb 2019
  • 3 min de lectura

Rogelio Lavenant Sifuentes

En los más de cincuenta años de pergeñar cuartillas, de aprender, practicar y ejercer este noble oficio del periodismo, he podido constatar que los cambios de gobernantes y, por ende, de estilos de gobernar, hay una etapa de mucha incertidumbre para quienes están por terminar su mandato. Es algo así como caminar sobre la cuerda floja y sin red. Nunca sabes a qué hora vas a caer y dónde. Tampoco si el tremendo porrazo que te espera, te dejará aliento para volver a subir e intentar nuevas aventuras.

A menos que hayas cuidado todos los detalles. Como el de tensar bien la cuerda, de tomar firme la barra de equilibrio y la de no cometer errores en cada paso, con la mirada puesta en el extremo final, sin tropezones, sin desvíos, sin abusar de la confianza del público y tampoco de los dueños del circo. Todo esto, disculpen que pueda resultar tedioso, lo comento porque así es como veo al actual gobernador de Baja California, Francisco Arturo Vega de Lamadrid, caminando sobre una cuerda demasiado floja y no menos insegura. Ya no tiene la red que pudo haberle significado la protección del presidencialismo acotado por negociaciones en el marco del neoliberalismo. En el último año del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, me platican allegados a “Kiko” Vega (como es llamado comúnmente por sus amigos, familiares y correligionarios), se confió en sus padrinos, con Santiago Creel Miranda a la cabeza, y la posibilidad del continuismo del prianismo. Ahora, con la llegada a la Presidencia de la República de la fuerza arrolladora de Morena, liderada por el hoy Presidente Andrés Manuel López Obrador, las condiciones políticas cambiaron radicalmente para el panismo y los gobernantes que llegaron al poder cobijados por la franquicia albiazul. No es, por tanto, extraño, que Kiko Vega esté desesperado, atorado en la red de sospechas, de opacidades y de miedos ante lo que consideran el inminente juicio a sus desvíos, a sus garrafales desatinos, a su indolencia, a su insensibilidad, a su monumental corrupción evidenciada en contratos, licitaciones a modo, obras a medio ejecutar o irrealizables que quedarán en proyecto. Así, cada día que pasa, Kiko Vega cae en la zozobra, en la angustia, en el temor de que la llegada la sucesión en noviembre próximo, le signifique encaminarse a severos juicios políticos, sociales y hasta judiciales, por los desvíos millonarios que el Congreso del Estado, con una dócil mayoría panista, le ha servido de vil tapadera. Sabe que, de cumplirse el pronóstico de que el 2 de junio entrante estará en el filo de la navaja. La virtual candidatura única y de unidad del empresario de la comunicación, Jaime Bonilla Valdez, lo tiene nervioso, muy nervioso. Lo refleja en su balbuceo, más de lo acostumbrado, en su torpe discurso y accionar. Está más que seguro de que el senador con licencia y todavía Delegado estatal de Programas de Bienestar en Baja California, amigo muy cercano del presidente Andrés Manuel López Obrador, no es –lo que se dice- “un hueso fácil de roer”. Sus fallidos intentos de acotarlo o de que el propio AMLO lo disuada de no criticar y acusarlo, están muy frescos aun.

Su temor es de que los abultados “expedientes secretos” que personas, grupos e instituciones han entregado a quien se perfila como seguro aniquilador del panismo de treinta años en el gobierno estatal de Baja California, se le conviertan en pesadas losas de su tumba política y, obvio, su encarcelamiento por malversación del erario.

Como botones de muestra están los más de 600 millones de pesos que adeuda a la UABC, los adeudos persistentes al profesorado, la quiebra del ISSSTECALI y su fondo de ahorro, la imparable delincuencia y brutal índice de asesinatos que son prueba de su fracasada “Cruzada Contra la Inseguridad” o como quiera que la llame.

Muy pronto caerá el telón de la tragicomedia personificada por el gobernador Kiko Vega, ufano como es de ser un “empresario inmobiliario exitoso”, que basa sus triunfos y millonarias utilidades en la triangulación de adquisiciones de grandes predios que compra por intermediación de sus personeros y prestanombres.

Comenzó ya, para el panismo y su gobernador de los “ojos claros”, la cuenta regresiva y… Bonilla alista ya el mazo para dar el toque de campana con el que pondrá a Kiko Vega contra las cuerdas.

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